El Vínculo en pareja desde el modelo gestáltico.
Cuando una pareja acude por primera vez a consulta, es frecuente que cada integrante llegue con una lista de quejas sobre el otro. Cada uno relata su versión de los hechos, explica aquello que le duele y suele colocar el origen del conflicto fuera de sí mismo. En muchas ocasiones, ambos esperan que el terapeuta determine quién tiene la razón o confirme que es el otro quien debe cambiar.
Sin embargo, desde la Terapia Gestalt, la pregunta clínica es diferente. El objetivo no consiste en decidir quién está en lo correcto, sino en comprender cómo se ha construido el vínculo que une a esas dos personas y de qué manera cada una participa en la dinámica relacional que sostienen.
Del individuo al vínculo
Una tendencia habitual es analizar a los miembros de la pareja de manera aislada: explorar sus historias personales, sus heridas emocionales o sus estilos de afrontamiento. Aunque estos elementos aportan información relevante, la perspectiva gestáltica propone un cambio de foco: dirigir la atención hacia el espacio relacional que ambos construyen y crean el tipo de vínculo. Por tanto, ambos integrantes de la pareja necesitan tomar responsabilidad de su participación en el conflicto.
En otras palabras, el interés clínico no está únicamente en las personas, sino en la manera en que construyen su relación y las dinámicas que se establecen en su relación.
Este cambio implica indagar y hacer preguntas relacionales:
- ¿De qué manera contribuye cada uno al tipo de relación que sostienen?
- ¿Qué sucede entre ambos cuando aparece el conflicto?
- ¿Cómo participan los dos en la construcción de los patrones que hoy los hacen sufrir?
- ¿Qué formas de contacto se repiten una y otra vez en su convivencia?
La mirada se orienta hacia la comprensión del proceso relacional.

La proyección de la responsabilidad
Una de las dinámicas más frecuentes en la terapia de pareja es la tendencia a colocar la responsabilidad del malestar en el otro: frases como “si él cambiara todo estaría bien” o “el problema es que ella nunca entiende” reflejan una forma de proyectar fuera el conflicto. La forma de intervenir está en lo que sucede entre ambos cuando se relacionan, no en cada uno de ellos.
Desde la Terapia Gestalt, el trabajo consiste en favorecer el darse cuenta de la propia participación en el vínculo. La responsabilidad se comprende como la capacidad de reconocer cómo contribuimos a crear, mantener o modificar nuestra experiencia relacional.
Cuando ambos integrantes recuperan esa capacidad de observación, dejan de esperar pasivamente que el otro cambie y comienzan a asumir un papel activo en la transformación del vínculo.
El campo relacional y la metáfora del puente
Para comprender este enfoque resulta útil imaginar un puente.
Cada miembro de la pareja representa una orilla distinta. Para encontrarse, comunicarse y convivir, ambos construyen una estructura que los conecta: su vínculo.
Desde esta perspectiva, cuando aparece una crisis, el interés del terapeuta no se dirige exclusivamente a una de las orillas, sino al estado del puente que ambas personas han construido.
La indagación y la fenomenología son los métodos de aproximación a la experiencia relacional:
- ¿Es un puente demasiado rígido que dificulta la flexibilidad y el ajuste creativo?
- ¿Es una estructura frágil que parece romperse ante cualquier diferencia?
- ¿Es un puente sostenido por exigencias, críticas o expectativas imposibles de cumplir?
- ¿O es una construcción que permite el encuentro, el diálogo y el reconocimiento mutuo?
El vínculo deja de ser un elemento secundario para convertirse en el verdadero objeto de observación e intervención.

Dos formas de construir el vínculo
El vínculo basado en la exigencia de cambio
En muchas relaciones, el contacto con la pareja se organiza alrededor de la idea de que el otro debería ser diferente.
Se espera que cambie su forma de pensar, sentir o actuar para satisfacer necesidades personales o resolver conflictos no elaborados. En consecuencia, la relación se convierte en un espacio de exigencia permanente donde predominan la crítica, el control y la frustración.
Paradójicamente, cuanto mayor es el intento de transformar al otro, mayor suele ser la resistencia y el deterioro del vínculo.
El vínculo basado en el reconocimiento del otro
Joseph Zinker propone una mirada distinta al destacar el valor de la complementariedad dentro de la relación. Reconocer al otro implica aceptar que existen formas diferentes de percibir el mundo y que esas diferencias pueden enriquecer la experiencia compartida en lugar de amenazarla.
Cuando disminuye la necesidad de controlar o modificar a la pareja, surge la posibilidad de construir un encuentro más auténtico, flexible y creativo, donde ambos puedan desarrollarse respetando su singularidad. En este sentido, se habla de la complementariedad en la relación de pareja.
El “entre-dos”: el verdadero escenario clínico
Uno de los aportes más importantes de la Terapia Gestalt es comprender que entre dos personas emerge un espacio relacional propio.
No se trata únicamente de dos individuos interactuando, sino de un campo vivo que se organiza continuamente a través de las palabras, los silencios, las emociones, las miradas, la distancia corporal y las formas de contacto.
Por ello, cuando una pareja discute en sesión, el terapeuta no se limita a escuchar el contenido del conflicto. También observa cómo se hablan, cómo se interrumpen, cómo regulan la cercanía y la distancia, cómo expresan sus necesidades y cómo se modifica el contacto momento a momento. A esto le denominamos estar atentos del proceso relacional.
En numerosas ocasiones, el sufrimiento no proviene exclusivamente de las características individuales de cada integrante, sino de patrones relacionales rígidos que ambos han construido y mantienen sin plena conciencia de ello. En sus formas de contactar y en los ajustes conservadores que realizan una y otra vez, sin darse cuenta.

La responsabilidad compartida en la construcción del vínculo
Comprender la pareja desde una perspectiva gestáltica implica reconocer que la relación es una creación compartida.
Esto no significa afirmar que todas las situaciones tengan la misma distribución de responsabilidad ni minimizar contextos de violencia, abuso o coerción, los cuales requieren una valoración clínica y ética específica. Significa reconocer que, en las dinámicas cotidianas de convivencia, cada integrante participa activamente en la forma en que el vínculo se organiza.
Por tanto, la terapia de pareja implica que el terapeuta sea un traductor de los patrones relacionales, indagar acerca de sus formas relacionales y, al mismo tiempo, llevar al contacto y al “darse cuenta” de cómo se relacionan en el presente, ahí mismo, en el campo terapéutico. Las intervenciones se orientan hacia el proceso y las dinámicas que muestran frente al terapeuta. Por tanto, el terapeuta tiene que tener una actitud neutral frente a la relación de pareja, los contenidos y sus procesos. Solo mirar, señalar y observar desde una actitud fenomenológica lo que sucede ante sus ojos.
La Terapia Gestalt invita a comprender la pareja desde el vínculo y no únicamente desde las características individuales de quienes la integran. Al dirigir la atención hacia el campo relacional, es posible observar cómo se organiza el contacto, qué patrones se repiten y de qué manera ambos participan en la creación de su experiencia compartida.
Más que buscar culpables o depositar la responsabilidad en el otro, el trabajo terapéutico favorece el desarrollo del darse cuenta y la recuperación de la responsabilidad personal dentro del proceso relacional.
Cuando la pareja logra comprender cómo construye su propio puente, aparece la posibilidad de crear nuevas formas de encuentro basadas en la presencia, el reconocimiento mutuo y la capacidad de responder de manera más consciente a las necesidades del vínculo.
En definitiva, una pareja no es únicamente la suma de dos personas; es una experiencia viva que se construye y reconstruye continuamente en el contacto entre ambas.
Ana Giorgana
Psicoterapeuta, directora de CEDES – Centro de Estudios en Desarrollo Humano.
Especialista en Terapia Gestalt y formación de profesionales de la salud mental.
Bibliografía
Zinker, J. (1977). El proceso creativo de la Terapia Gestalt. Paidós.
Zinker, J. (1998). En busca de la buena forma: terapia gestáltica con parejas y familias. Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt.
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